Por: Laura Moreno
Vicepresidente Relaciones Corporativas, Sostenibilidad y Mercadeo de BAC
Leía la revista Forbes días atrás, y me encontré con un titular que ocupó toda mi atención: “En 2026, el cambio climático ya no es un riesgo teórico”. Me detuve a pensar en esto, porque quienes estamos vinculados con la sostenibilidad, sabemos que una de las limitantes para abordar el cambio climático es verlo como un escenario lejano y no como una realidad que ya está amenazando el planeta en que vivimos.
Tormentas torrenciales, pérdida de biodiversidad, sequías y calor extremo marcan el reloj con el que avanza el cambio climático. Comprender la crisis implica reconocer que hay que tomar acciones urgentes y coordinadas.
Por eso, en un mundo donde el clima está cambiando más rápido que las políticas y acciones implementadas para mitigar esta realidad, las finanzas sostenibles surgen como una puerta abierta para abordar una crisis que tiene consecuencias devastadoras para la humanidad, pero que no afecta a todas las personas por igual, siendo las mujeres uno de los grupos más impactados.
La acción climática requiere capital con propósito
La acción climática son todas las medidas orientadas a reducir las emisiones y aumentar la resiliencia de sociedades y ecosistemas. Esto incluye la transición hacia energías limpias, la eficiencia energética, la movilidad sostenible, protección de ecosistemas estratégicos y el fortalecimiento de infraestructura resiliente.
Para ejecutar todo esto se requiere un capital financiero transformador alineado con la sostenibilidad. La banca es un actor fundamental en la transición hacia una economía baja en emisiones y más resiliente, al canalizar recursos hacia energías renovables, eficiencia energética, transporte sostenible y economía circular.
Hoy, en la banca, podemos diseñar instrumentos financieros específicos y con un enfoque sostenible. En BAC hemos tomado esa oportunidad, a través de una estrategia de Triple Valor (ambiental, económica y social), un Portafolio de Productos Bancarios Sostenibles y una Taxonomía de Finanzas Sostenibles propia.
Nuestro portafolio constituye una importante herramienta de asignación de capital sostenible del banco, al operar como un habilitador estratégico para acelerar la transición hacia un modelo productivo descarbonizado, fortalecer cadenas de valor responsables y dinamizar la reactivación económica bajo criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG).
La Taxonomía de Finanzas Sostenibles es un marco técnico regional basado y alineado con estándares y normativa internacional y nacional, con aplicación local, que permite identificar, clasificar y monitorear de forma rigurosa las operaciones financieras que generan impacto ambiental y social positivo.
Dicha taxonomía es importante porque proporciona una comprensión común de los riesgos y oportunidades ASG, integrando estos criterios en la toma de decisiones del negocio y asegurando la trazabilidad del portafolio sostenible. Al involucrar de manera transversal a las áreas de negocio, riesgo, operaciones, sostenibilidad y estrategia, la taxonomía fortalece la consistencia metodológica y la gestión integral del financiamiento sostenible.
Durante este 2026 continuamos con la implementación de esta taxonomía y del enfoque basado en datos; seguimos innovando el portafolio y adaptándolo a sectores productivos y territoriales específicos y amplificando la inclusión financiera con enfoque de género. Porque sí, el cambio climático también tiene rostro de mujer.
¿En qué medida impacta a las mujeres la crisis climática?
Las mujeres representan cerca de la mitad de la población mundial, pero en muchas regiones —especialmente en zonas rurales y en contextos de bajos ingresos— tienen menos acceso a recursos productivos, educación financiera, propiedad de la tierra, tecnología y capacidad de decisión.
Todas estas mujeres afrontan exclusión financiera, que es producto de una combinación de factores estructurales, económicos y tecnológicos, que amplifican la vulnerabilidad frente a fenómenos climáticos, como sequías, inundaciones, inseguridad alimentaria y desplazamientos forzados.
ONU Mujeres señala que el cambio climático profundiza brechas preexistentes en pobreza, empleo, salud, seguridad y acceso a recursos, y limita la efectividad de las respuestas climáticas, al excluir a las mujeres de espacios de liderazgo, planificación y financiamiento climático.
El acceso de las mujeres a financiamiento, vivienda, seguros, educación financiera y formación empresarial amplifica su capacidad de resiliencia, productividad, autonomía y soluciones de adaptación local.
A través de las finanzas sostenibles los bancos podemos integrar criterios ASG, para asignar recursos a soluciones que reduzcan emisiones y que contribuyan a cerrar esas brechas sociales y de género.
Por eso, en BAC, uno de nuestros proyectos de mayor impacto ha sido la articulación entre el Programa Mujeres BAC y el Portafolio Sostenible para garantizar una perspectiva con enfoque de género. Esta práctica integra educación financiera y acceso diferenciado a crédito para cerrar brechas en el acceso al sistema financiero.
En 2025, Mujeres BAC benefició a 20.300 mujeres en salud financiera, fortaleció la gestión empresarial de mujeres de sectores agro-productivos, comerciales y servicios, dentro y fuera de la GAM y llevó a escala nacional productos como Avales Mujer y Preaprobados Mujer. Actualmente, 6 de los 13 productos sostenibles de BAC están dirigidos específicamente a mujeres.
La igualdad no es una causa exclusiva de las mujeres; es una causa país. Requiere decisiones, políticas y voluntad colectiva. Como banco, asumimos nuestro rol como movilizadores de este propósito, convencidos de que una sociedad más equitativa es también una sociedad más próspera, sostenible y resiliente ante el cambio climático.
